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26 sept. 2012

Discurso de Oscar Arias: Lección que cala hondo.




Lo leí en Diario Tiempo no hace muchos años. Los medios de comunicación prestaron  mas atención a los actos jocosos como el saludo de Obama con Chávez y el obsequio del libro Las Venas Abiertas de América Latina al presidente norteamericano. Pasaron por alto el discurso del ex presidente de Costa Rica; Oscar Arias. Tiempo después los medios pusieron los ojos en las palabras  del mandatario costarricense. Desde el momento que lo leí, atrapo todos mis niveles cognoscitivos; comprendí nuestra historia, apliqué sus palabras a la realidad nuestra y evalúo emitiendo mi juicio crítico al respecto.

Son tres aspectos  que Arias apunta y que me parecen reflexivos; lo inverosímil  e injustificable razón de echarle la culpa de nuestros problemas latinoamericanos a los Estados Unidos,  el constante pedir y  reclamar al país mas poderoso del mundo y las discusiones a estas alturas sobre ideologías.
Sobre lo primero, Estados Unidos si bien  es una nación que a muchos no les agrade, hay que reconocer  el empeño en proveerles a sus ciudadanos la mayor felicidad posible. Tampoco es que sea el paraíso, tienen muchos errores políticos, pero la calidad de vida, su tecnología, toda la maquinaria económica y si hay algo que admiro del país norteamericano es la capacidad para levantarse de sus  caídas y salir airoso de todo problema. También  me gusta que no suelan repetir los  errores del pasado. Para sustentar lo que digo pondré ejemplos: la crisis económica de los años  treinta mejor conocido como la gran depresión fue una hecatombe social  y política que traspasó las  fronteras, salieron adelante, la guerra fría, los fracasos de la Nasa, el magnicidio de su presidente  John F. Kennedy y si viajamos mas atrás en la historia  la gran guerra civil  que ocasiono muchas muertes al país, entonces presidente  Abraham Lincoln quién también fue asesinado y si regresamos  al 2001 nos encontramos con el ataque terrorista del 11 de septiembre.

No suelen repetir sus errores y  les pondré el ejemplo mas  fresco, de hace poco; la elección de un presidente negro, algo jamás impensable  a mediados del siglo XVIII  y la década de los sesenta. Allí crearon una organización racista  que aún sigue vigente pero en menores proporciones a la era de Kennedy,  se llama ku klux klan. Haber elegido un presidente negro es  haber aceptado sus errores pasados y una lección para el mundo entero. Tal parece que  con tanto fracaso no se quedaron tirados lamentándose, mas bien se fortalecieron  sino hoy estuvieran cruzando fronteras para otro lado y desfilando con los países del tercer mundo.

El constante  pedir  de estos países llega al punto del vasallaje colonial,  esa mendicidad  que le agarra a algunos países de Latinoamérica es penosa. Arias nos hace ver que somos nosotros los culpables de nuestros fracasos, porque es mas cómodo echarles la culpa a otros de nuestras caídas que levantarse de ellas y salir adelante, es mas fácil pedir que  trabajar, es conformista la forma de hacer política que asumir el compromiso de proveer al ciudadano la mejor calidad de vida renunciando a intereses mezquinos y aburguesados. Y la pregunta  lapidaria del ex presidente; ¿Qué hicimos mal?   Si en Latinoamérica  ya había universidades antes que Estados Unidos, si hace 60 años Honduras era más rico que Singapur, si hace 50 México más  que Portugal. La respuesta del ex mandatario es el deficiente sistema educativo, el desmedido gasto de armas sin sentido porque los enemigos que carcomen nuestra vida dice Arias: es  la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria, los caminos, las carreteras, los puertos, los aeropuertos; que no estamos dedicando los recursos necesarios para detener la degradación del medio ambiente; es la desigualdad que tenemos, que realmente nos avergüenza; es producto, entre muchas cosas, por supuesto, de que no estamos educando a nuestros hijos y a nuestras hijas.

Por último el tema de las ideologías que a mi parecer ninguna es mas buena ni mas mala que otra. Del capitalismo se rescata la prosperidad y se difiere su salvaje ambición monopolizadora y del socialismo rescato la solidaridad económica y equidad. Pero muchos nos quedamos empantanados discutiendo cual es la mejor y la que nos parece debería ser el sistema que rija la vida política del país. Todavía hay muchos que creen en la utopía comunista y le tienen pavor al socialismo porque son como hermanos gemelos. No lo creo así, países como Venezuela, China y ahora poco a poco Cuba se han embarcado en el viaje  enriquecedor del libre mercado, lo que hace diferente a estos países aparte de la dignidad es que hacen negocios en igualdad de condiciones. No como el TLC que firmo con USA el panameño ricardo maduro (lo escribo en minúscula a propósito) en donde nosotros exportamos piñas y bananos y ellos  computadoras, beneficiando solamente a sus empresas y empresarios. Sin  salirme del tema el discurso pronunciado por Oscar Arias es histórico y deberíamos reflexionar sobre ello.


No soy de la idea de estar pegando aquí en mi blog lo que no me pertenece, hoy haré una excepción si usted quiere leer el discurso sin ir a otra web aquí esta. 
Discurso del Presidente de Costa Rica, Óscar Arias, en la Cumbre de las Américas Trinidad y Tobago
Tengo la impresión de que cada vez que los países caribeños y latinoamericanos se reúnen con el presidente de los Estados Unidos de América, es para pedirle cosas o para reclamarle cosas. Casi siempre, es para culpar a Estados Unidos de nuestros males pasados, presentes y futuros. 
No creo que eso sea del todo justo. No podemos olvidar que América Latina tuvo universidades antes de que Estados Unidos creara Harvard y William & Mary, que son las primeras universidades de ese país. No podemos olvidar que en este continente, como en el mundo entero, por lo menos hasta 1750 todos los americanos eran más o menos iguales: todos eran pobres. Cuando aparece la Revolución Industrial en Inglaterra, otros países se montan en ese vagón: 
Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda,  y así la Revolución Industrial pasó por América Latina como un cometa, y no nos dimos cuenta. Ciertamente perdimos la oportunidad.
También hay una diferencia muy grande. Leyendo la historia de América Latina, comparada con la historia de Estados Unidos, uno comprende que Latinoamérica no tuvo un John Winthrop, ni español, ni portugués, que viniera con la Biblia en su mano dispuesto a construir una Ciudad sobre
una Colina, una ciudad que brillara, como fue la pretensión de los peregrinos que llegaron a Estados Unidos.

Hace 50 años, México era más rico que Portugal. En 1950, un país como Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del Sur. Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur, y hoy Singapur en cuestión de 35 ó 40 años es un país con $40.000 de ingreso anual por habitante. Bueno, algo hicimos mal los latinoamericanos.
¿Qué hicimos mal? No puedo enumerar todas las cosas que hemos hecho mal.
Para comenzar, tenemos una escolaridad de 7 años. Esa es la escolaridad promedio de América Latina y no es el caso de la mayoría de los países asiáticos. Ciertamente no es el caso de países como Estados Unidos y Canadá, con la mejor educación del mundo, similar a la de los europeos. De cada 10 estudiantes que ingresan a la secundaria en América Latina, en algunos países solo uno termina esa secundaria. Hay países que tienen una mortalidad infantil de 50 niños por cada mil, cuando el promedio en los países asiáticos más avanzados es de 8, 9 ó 10.
Nosotros tenemos países donde la carga tributaria es del 12% del producto interno bruto, y no es responsabilidad de nadie, excepto la nuestra, que no le cobremos dinero a la gente más rica de nuestros países. Nadie tiene la culpa de eso, excepto nosotros mismos.
En 1950, cada ciudadano norteamericano era cuatro veces más rico que un ciudadano latinoamericano. Hoy en día, un ciudadano norteamericano es 10, 15 ó 20 veces más rico que un latinoamericano. Eso no es culpa de Estados Unidos, es culpa nuestra.
En mi intervención de esta mañana, me referí a un hecho que para mí es grotesco, y que lo único que demuestra es que el sistema de valores del siglo XX, que parece ser el que estamos poniendo en práctica también en el siglo XXI, es un sistema de valores equivocados. Porque no puede ser que el mundo rico dedique 100.000 millones de dólares para aliviar la pobreza del 80% de la población del mundo en un planeta que tiene 2.500 millones de seres humanos con un ingreso de $2 por día y que gaste 13 veces más ($1.300.000.000.000) en armas y soldados.
Como lo dije esta mañana, no puede ser que América Latina se gaste $50.000 millones en armas y soldados. Yo me pregunto: ¿quién es el enemigo nuestro?
El enemigo nuestro, presidente Correa, es esa desigualdad que usted apunta con mucha razón, es la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria, los caminos, las carreteras, los puertos, los aeropuertos; que no estamos dedicando los recursos necesarios para detener la degradación del medio ambiente; es la desigualdad que tenemos, que realmente nos avergüenza; es producto, entre muchas cosas, por supuesto, de que no estamos educando a nuestros hijos y a nuestras hijas.
Uno va a una universidad latinoamericana y todavía parece que estamos en los sesenta, setenta u ochenta. Parece que se nos olvidó que el 9 de noviembre de 1989 pasó algo muy importante, al caer el Muro de Berlín, y que el mundo cambió. Tenemos que aceptar que este es un mundo distinto, y en eso francamente pienso que todos los académicos, que toda la gente de pensamiento, que todos los economistas, que todos los historiadores, casi que coinciden en que el siglo XXI es el siglo de los asiáticos, no de los latinoamericanos. Y yo, lamentablemente, coincido con ellos. Porque mientras nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías, seguimos discutiendo sobre todos los ismos ¿cuál es el mejor? capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, neoliberalismo, socialcristianismo…etc, los asiáticos encontraron un ismo muy realista para el siglo XXI y el final del siglo XX, que es el pragmatismo . Para solo citar un ejemplo, recordemos que cuando Deng Xiaoping visitó Singapur y Corea del Sur, después de haberse dado cuenta de que sus propios vecinos se estaban enriqueciendo de una manera muy acelerada, regresó a Pekín y dijo a los viejos camaradas maoístas que lo habían acompañado en la Larga Marcha: Bueno, la verdad, queridos camaradas, es que mí no me importa si el gato es blanco o negro, lo único que me interesa es que cace ratones . Y si hubiera estado vivo Mao, se hubiera muerto de nuevo cuando dijo que la verdad es que enriquecerse es glorioso. Y mientras los chinos hacen esto, y desde el 79 a hoy crecen a un 11%, 12% o 13%, y han sacado a 300 millones de habitantes de la pobreza, nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías que tuvimos que haber enterrado hace mucho tiempo atrás. La buena noticia es que esto lo logró Deng Xioping cuando tenía 74 años.
Viendo alrededor, queridos Presidentes, no veo a nadie que esté cerca de los 74 años. Por eso solo les pido que no esperemos a cumplirlos para hacer los cambios que tenemos que hacer.

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